La vida y obra de ‘Lalo’ Mir, un referente entrerriano: «La camiseta está por delante de todo»

Su historia en el mundo del rugby empezó en la década del ‘80, cuando comenzaba a transitar su adolescencia. En La Histórica y en todo Entre Ríos, su nombre es sinónimo de rugby. Cuando alguien se refiere a Lalo Mir, lo primero que aparece en la mente es la referencia al deporte de la ovalada y claro, al Club Universitario de Concepción del Uruguay (CUCU).

Sin embargo, Eduardo vivió desde adentro la evolución del deporte en su ciudad y los cambios que hubo en la provincia, desde la desaparición incluso de la Unión del Rugby del Río Uruguay, pasando por las entidades que antecedieron en alguna medida al CUCU, como Tacuara y Barbarie.

Deportivamente, el tercera línea representó además en numerosas oportunidades a los seleccionados de la Unión Entrerriana de Rugby, tanto en el Campeonato Argentino como en el Seven de la República, certámenes que, según contó, le dejaron muchísimos amigos. Del mismo fue parte hace tres temporadas, junto a otro referente del CUCU como Ignacio Martínez Uncal, de la gira por España que desarrolló Sudamérica XV Classic, con varias ex glorias de Los Pumas.

Casado con Carina, papá de Serafín (18), Ana (14) y Salvador (7), Lalo, con 49 años, todavía se encuentra motivado para seguir luciendo la camiseta de su club y es en la actualidad, uno de los jugadores en actividad con mayor cantidad de temporadas ininterrumpidas del país. “Mientras el cuerpo me dé y me siga divirtiendo, pienso seguir jugando”, contó.

Lalo Mir en un clásico del CUCU, el Seven Playero. Foto: Franco Perego

AYER Y HOY

Mir llegó al rugby por sus hermanos y desde allí no abandonó más. A los 12 años tuvo un par de entrenamientos y algunos encuentros con el otrora Tacuara RC y después, por influencia de sus hermanos mayores pasó a Barbarie, entidad que luego se disolvió para darle lugar al rugby en el CUCU.

Más allá de su trayectoria, con la sencillez que lo caracteriza sostiene que los referentes en las instituciones son aquellas personas que hacen un trabajo invisible, ese esfuerzo denodado que no se ve pero que forjan el día a día en cada club.

“La camiseta está por delante de todo. El entrevistado en este caso, soy yo, quizás por los años que tengo jugando, pero atrás de cada club hay mucha gente que trabaja, que nadie los conoce y son la esencia de cada entidad. Los clubes con todos esos anónimos, son los que crecen”, señaló.

“A lo largo de todos estos años, sin dudas veo una evolución del rugby en general. Fundamentalmente, el deporte ganó en popularidad por los medios de comunicación. Antes, cuando era chico mirábamos con mis compañeros de secundaria la revista Test Match y terminaba siendo pasada por todo el colegio. Era lo único que teníamos de rugby. Hoy hay mucha más información en ese sentido”, analizó y diferenció: “Creo que con el profesionalismo, el rugby cambió también en su mirada. Hoy en día los chicos, en los clubes, muchas veces piensan más como un profesional y terminan siendo más profesionales de las redes sociales que del esfuerzo y el compromiso con su camiseta. Es decir, un jugador profesional, solo piensa en jugar, como debe ser. Nosotros, con el rugby que nos criamos, además de jugar entrenábamos divisiones, pintábamos la cancha, seguíamos sumando gente, hacíamos los terceros tiempos, entre tantas otras cosas. Hoy los tiempos en ese aspecto han cambiado y no digo que nosotros hayamos sido ni mejores ni peores, simplemente era todo diferente”.

Desde lo estrictamente deportivo, Mir también denotó una diferencia radical entre el rugby de ayer y hoy. “Por un lado, la preparación física de los jugadores de la actualidad es mucho más preponderante que la de antes. Creo que el rugby se dinamizó mucho en cuanto al juego y por ahí pasa una clara diferencia”, dijo.

Por su parte, en cuanto al crecimiento de las instituciones, dejó entrever otra notable diferenciación: la de los clubes y los grupos de amigos. “Clubes, con todo lo que eso implica, en la provincia se mantienen creería que los mismos de siempre, más allá de alguno u otro que se haya sumado. Muchas veces se dicen clubes y son un grupo de amigos, que se junta a jugar. Creo que un club es mucho más que eso, es forjar una identidad, con proyectos sustentables y un trabajo responsable por el deporte en sí”, afirmó.

EL LEGADO

Entre tantas generaciones con las que compartió equipo, Lalo tiene amigos de diferentes franjas etarias. “Sin dudarlo lo mejor que me ha dado el rugby, son los amigos que tengo en distintos lugares del país incluso”, añadió. “En Entre Ríos tengo amigos en prácticamente todas las ciudades, después de tantos fines de semana compartidos en un montón de clubes”, remarcó.

Con más de una treintena de temporadas consecutivas en el rugby, el uruguayense prevé dejar un legado, para el día que decida colgar los botines. Serafín Mir, su hijo más grande, con 18 años está por dar sus primeros pasos en el Plantel Superior del CUCU.

“Con Serafín hemos compartido algunos partidos informales o Sevens, pero seguramente a la brevedad jugaremos juntos de manera oficial. No sé si decir que es un sueño, pero sin dudarlo será algo muy lindo. Un sueño para mí, es que mis hijos sean felices. Ya sea decidiendo estar dentro o no de una cancha de rugby”, concluyó.

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