La vida de la entrerriana Camila Rizzo, en el rugby estadounidense

La vida da en muchos casos, mil vueltas. Asimismo, la experiencias van produciéndose de lado en lado y en ese aspecto, podría decirse que la entrerriana Camila Rizzo, con tan solo 21 años, tiene hoy un sinfín de historias.

Tras nacer en el Sanatorio Adventista del Plata de Villa Libertador San Martín, vivió sus primeros años en Río Cuarto, Córdoba. Después su familia se mudó a Rafaela. Luego a Tucumán, Misiones y Corrientes. Años más tarde volvió a Posadas, sola, a un internado juvenil y después, concluyó la escuela secundaria en Ohio, Estados Unidos, donde se reencontró con Cristian, su papá; con Mariela, su mamá y con sus dos hermanas: Candela y Carola.

El destino quiso que al concluir el colegio en Norteamérica volviera en soledad a Argentina. Estuvo junto a su abuela Olga en Viale y allí, dio sus primeros pasos en el mundo del rugby, desempeñándose en Camatí, club al que llegó por acompañar a una práctica a una amiga, Sofía Luna.
Tras las primeras convocatorias que recibió al seleccionado de la Unión Entrerriana de Rugby, decidió probar suerte en la capital provincial, por lo que viajaba cada día para entrenarse en el Paraná Rowing Club.

En 2018, disputó el Seven de la República con el conjunto mayor de la UER y denotó desde lo individual, una óptima actuación. No obstante y más allá de sus sólidos pasos en el deporte, resolvió volver a tierras estadounidenses para estar otra vez con su entorno más cercano. Esta vez en McAllen, al sur de Texas. Allí comenzó a jugar para el McAllen Maidens Women’s Rugby, donde pese a la pandemia de Covid-19 que atravesó al mundo entero, puede disfrutar de un gran presente.

CON EXPECTATIVAS

-Desde lo rugbístico, ¿cómo viviste esta temporada tan particular en Estados Unidos? ¿Cómo es el desarrollo de este deporte allá?
-Este año en cuanto al rugby fue complejo debido a la pandemia de coronavirus. Nos entrenamos cada una en su casa, con la intención de volver con todo y prácticamente en un mismo nivel cuando nos toque. Por suerte ya nos reencontramos y estoy muy entusiasmada con lo que está por venir.
Cuando llegué a Texas, entrenábamos los lunes, miércoles, viernes y los sábados teníamos partido. Ahora, con los protocolos vigentes para las prácticas, nos encontramos los martes, jueves y sábados. Claro, sin partidos por el momento.
La vuelta fue hace dos semanas y fue un trabajo evolutivo. Actualmente estamos entrenando con el plantel masculino, con lo que siento desde lo personal, una ayuda muy grande a la hora de entrenar ciertas técnicas.
Por otro lado, algo que no quiero dejar de mencionar es que desde que llegué a McAllen y decidí jugar al rugby, la inclusión que tuve en el equipo fue increíble. Me trataron como una más en todo momento y me integraron constantemente. Realmente me hacen sentir muy bien cada día, como en casa.

-¿Cómo ves la organización de los clubes en relación a las instituciones de Argentina? ¿Crees que los estadounidenses observan la evolución del rugby de nuestro país?
-En cuanto a rugby femenino se refiere al menos, que es el que me toca de cerca, considero que no se observa mucho lo que pasa en Argentina a raíz de que en Estados Unidos se juega mayormente rugby de quince, mientras que en Argentina todavía se juega en la modalidad Seven, a excepción creo que de Buenos Aires, donde juegan Ten a Side. Cuando llegué, las chicas estadounidenses ni siquiera estaban en conocimiento que en Argentina no se jugaba de a quince.
En cuanto al club en el que estoy, puedo decir que es una institución chica. No nos cobran cuota por representar a la entidad y realmente tienen una muy buena llegada y conexión entrenador-jugador, más allá de algunos detalles a mejorar como en todos lados. Puedo destacar también que se valora mucho al rugby femenino.

LO QUE VIENE

-¿Con qué proyectos deportivos llegaste y cuáles son tus próximos objetivos?
-Cuando empecé a jugar rugby en Estados Unidos, mis proyectos comenzaban desde cero. Tenía expectativas bajas porque sabía que me enfrentaba a una nueva modalidad de juego, a la que desconocía. A futuro mis objetivos son los mismos que me había propuesto en Argentina. Es decir, escalar de a poco y mejor gradualmente, aprovechando las oportunidades que se presentan y enalteciendo los valores que aprendí en este deporte, como la humildad, el respeto, el compañerismo, la solidaridad, entre otros.
Considero que en pocos años en el deporte logré cosas que para mí, son muy importantes.
A priori se realizarían algunos partidos de Sevens los domingos, por lo que desde lo personal sería muy lindo reencontrarme con esta modalidad.

CONEXIÓN NACIONAL

No todo es rugby para la entrerriana, sino que también está abocada al estudio y en ese sentido, su conexión con Argentina es directa.

“Estoy estudiando fotografía de manera online en Paraná. Estoy en el segundo año de la carrera y me queda uno para finalizar. Paralelamente estoy haciendo una capacitación de un año y medio en fotografía terapéutica”, expresó y confesó que más adelante, desea continuar con alguna carrera relacionada a la Comunicación Visual.

AGRADECIDA

“Todo lo que soy, lo que aprendí y lo que logré desarrollarme en el mundo del rugby se lo debo a los entrenadores que me acompañaron a lo largo de todos estos años. Sin dejar de lado a mis compañeras, ya que sin ellas no podría jugar, lógicamente, quiero destacar el trabajo de Juan Pablo González en Camatí de Viale y a quienes tuve en Rowing: Santi y Guido en 2018 y Mati, Eva y Facu en 2019”, valoró.

“Todo lo que sé es sin dudas gracias a ellos, que me enseñaron tanto y transmitieron tanta pasión, que ahora pretendo llevar al rugby argentino a lo más alto, con mucho orgullo. Lo digo porque he recibido muchos buenos comentarios en cuanto a ser una buena jugadora dentro y fuera de la cancha y no quería dejar pasar la oportunidad para darles el reconocimiento que todos ellos merecen”, manifestó.

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