Fabián Darraidou, jugador de XV Robles de Caseros: «El rugby es como la vida misma»

Puede gustarte, ser un medio laboral o simplemente una herramienta de distracción. Se permiten sintetizar una serie de acciones, dónde el rugby puede interceder en las personas, pero siempre aportará características que te enseñan a pelear e ir hacia adelante a pesar de cualquier coyuntura adversa y, tarde o temprano, repercutirá diariamente en los protagonistas que intervienen de una u otra manera.

En tanto, Fabián Dairradou, es un modelo de ello. Desde su Rafael Calzada natal persiguió sus sueños y saltó cada una de las barreras que se presentó hasta convertirse en uno de los máximos referentes de XV Robles de Caseros.

El fullback de la entidad radicada en el distrito Uruguay, dialogó con Tercer Tiempo, dio cuentas de su historia y habló de sus mejores momentos vinculados a la ovalada.

GÉNESIS DEPORTIVA

A primera vista. Un amor que jamás se desprendería, se inició cerca del territorio que lo vio nacer y el jugador de 52 años, lo relató de la siguiente manera: “Comencé a jugar en 1981 cuando me sumé a Pucará. Estuve una temporada en el club y luego me tocó irme a estudiar un año al centro de Buenos Aires, precisamente, al  Colegio Inchausti, en la cual hicimos una canchita de rugby muy precaria dónde llevamos adelante todo a pulmón, pero insistíamos con el propósito de divertirnos”.

“Aprendí varios deportes, pero mi pasión siempre estuvo enfocada en el rugby, más allá que esté lejos de saber jugarlo concretamente porque no teníamos la posibilidad de conocer completamente el reglamento y estábamos alejados de varias cuestiones que se vinculan al juego”, continuó.

CAMBIO DE RUMBO

“No tuve la posibilidad de irme a estudiar a La Plata, que era una de las opciones que barajaba en esas circunstancias y me tocó trabajar. Por lo tanto, en algunos pueblos que debía desempeñar mi labor, no se desarrollaba el rugby y no podía continuar practicándolo”, contó el calzadense.

Tuvo que reinventarse y mudarse. En tanto, se radicó en la localidad de Roque Pérez; continuó por 25 de Mayo y se asentó en Pehuajó, dónde pudo formar su familia y seguir actuando en el deporte en el Club Estudiantes de la ciudad bonaerense. “Marchábamos hacia adelante con mucho esfuerzo y sudor”, deslizó, agregó: “El rugby que había aprendido hasta este momento era como llevar una pelota a un campo y patear entre dos eucaliptus y correr para ejercitar… y si llovía, lo hacía con botas de gomas – deslizó una carcajada -. Aunque cause gracia, era la realidad…”, aseveró.

Fabián junto a sus hijos menores.

UN ENTRERRIANO MÁS

Otra vez, el destino determinó que la vida de Darraidou tome un vuelco inesperado. “La vida me golpeó fuerte y enviudé; entonces, en 2008 tomé la decisión de venir a Entre Ríos y me adapté de una manera rápida y feliz, ya que volvía a formar mi familia”, manifestó, y añadió: “Conocí gente de Caseros, me trasladé hacia la localidad y me relacioné con dirigentes que me abrieron las puertas para que me sume a la entidad. Arrancamos precariamente y se armó un grupo lindo con chicos muy sanos y buena gente. Son las cosas que te impulsan a seguir”.

“Mi vida personal fue bastante dura. Siempre trabajé en el campo, que implica una labor permanente e inclusive los fines de semanas sin descanso pero, ahora, estoy empezando a disfrutar y el deporte es parte de todo esto. Convivo en un pueblo y es un condimento especial, ya que siempre había vivido en las estancias y era una comodidad personal para las tareas que debía cumplir, pero para mi familia se volvía complejo para afrontar las actividades esenciales de la habitualidad, entonces, me animé a moverme a otro sitio”.

Fabián (izquierda) junto a su hija Martina (derecha)

LA FRUTILLA DEL POSTRE

Aunque poder entretenerse sin inconvenientes era una meta cumplida para el back, pero restaba  lograr uno de los deseos más importantes de todos los deportistas y que pocos tienen el privilegio de concretarlo: jugar con sus hijos. En este contexto, El viejo se dio el gusto de disfrutar el terreno de juego con su retoño, Federico. “Es difícil de expresarlo, porque emociona solo pensarlo y sentirlo. Vivo el rugby con pasión y compartirlo con un hijo, es algo único. Obviamente, se puede concretar en estas situaciones que es un nivel bajo y todavía deja lugar para los hombres mayores, ya que sino me pasarían por arriba fácilmente “, indicó con risas, y prosiguió: “Asimismo, se unió un sobrino con quien no tenía mucha relación, pero me sirvió para que estemos más cerca y acompañarnos en distintos puntos de la cotidianidad”.

Sin embargo, hace dos años se volvió a plantar una nueva prueba trascendental para la familia: “Mi idea era jugar hasta los 50 años, pero cuando los cumplí, Fede sufrió una enfermedad muy compleja. Arrastraba molestias en el tobillo y se hizo un estudio pre quirúrgico, en el que detectaron un problema aún mayor y, por suerte, se operó en los próximos días de la detección”. Con una voz quebrantada y emotiva a su vez, puntualizó: “P

Fabián (izquierda) junto a su hijo Federico (derecha)

rometí que si se recuperaba de esta situación tan adversa, iba a volver a jugar junto a él, y lo seguiré haciendo hasta que me dé el cuerpo. Todos los años digo que lo voy a ayudar desde afuera y termino ingresando en algún momento, porque también me hace bien físicamente y en la faceta mental”.

FUTURO

Por último, Dairrodou expresó los deseos para lo venidero en el marco deportivo: “Quiero seguir aportando desde el modo más humilde para los muchachos del pueblo puedan sumar algo. Por otro lado, anhelo seguir compartiendo como lo hacemos a menudo, tanto como un asado, un cumpleaños o cualquier detalle que parezca mínimo”.

Y concluyó al brindar un mensaje: “Si alguien posee dudas sobre si llevar a cabo un deporte por dificultades físicas o sociales, tiene que estar tranquilo que el rugby te recibe con las manos abiertas y te darán un lugar. Con orgullo, me encantaría brindar algo de lo que me transmitieron, porque se vive de una manera distinta. El rugby es como la vida misma”.

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