El rugby evoluciona, pero no debe perder su esencia

El rugby despierta cada vez más interés y suma simpatizantes exponencialmente a raíz de la llegada que tiene a través de los distintos medios de comunicación. Se mejoran las competencias y exige el perfeccionamiento contínuo de todos sus actores.

Pero no por ello se debe perder de vista principios y espíritu mismo de la disciplina, que son los que quizás más lo destacan. Es por eso que, quienes siempre tienen muy presente esto, lo afloran permanentemente, fundamentalmente para las nuevas generaciones que perciben, quizás más, como se va profesionalizando el mismo.

Como siempre, uno de los activos partícipes que brinda continuamente herramientas, es Víctor Rabuffetti  que hizo llegar a Tercer Tiempo algo de esas premisas que enaltecen, no deben dejarse pasar por alto y uno de los formadores argentinos más destacados que justamente dió el rugby los plasmó para compartir.

Si bien algunas cosas cambiaron «costumbres», diría el mismo Veco Villegas, vale la pena leer, creo, difundir este escrito y el valor que encierra. Hoy la realidad de rugby argentino es gracias a ese esfuerzo, pero no hay que perder “los principios”, algo que hasta la misma World Rugby sostiene y reitera, aunque a veces en los hechos solo hace negocios.

Hay que recobrar estos maestros y sus valores, y sobretodo hacerlos conocer a los jóvenes, para que tomen consciencia, que esto no es por generación espontánea. Es producto de mucho esfuerzo y ad honoren por parte de entrenadores de rugby infantil y juvenil,  dirigentes, y referees.

Escrito por Carlos “Veco” Villegas:

Hay que diferenciar bien entre principios y costumbres. Los principios son cosas que van más allá de las costumbres. Estas se van modificando con el tiempo, en cambio, los principios, son inalterables. Principio del rugby son el jugar limpio, el no pedir retribución por el esfuerzo, el ser y sentirse la quinceava parte del equipo, el ser un rugbier los doce meses del año, pues no me gustan los hombres que cuando juegan al rugby se portan bien y cuando juegan al fútbol en el verano, son unos bandidos. En cambio costumbre es que los jugadores contribuyan económicamente al Tercer Tiempo. Y es costumbre aunque para nosotros esté tan arraigado que lo sientan como un principio, como algo formativo del rugby.

En una época marcadamente materialista como la que vivimos, no es fácil enseñar y difundir un deporte como el nuestro dentro del contexto de su espíritu y de sus tradiciones. Todo parece indicar dentro del ambiente deportivo determinado como el que nos rodea, que lo único realmente importante es ganar y para ello cualquier precio suele ser pagado.

Además el “periodismo especializado” cada vez más, exalta al triunfador al mismo tiempo que disminuye sistemáticamente lo realizado por el perdedor.

Nadie que haya entendido correctamente el rugby, y el deporte en general, lo enseña o lo practica “para perder”. Por el contrario si el juego consiste en tratar de marcar más tantos que el adversario, es muy sano luchar por hacerlo y esto es precisamente “tratar de ganar”. Pero de ninguna manera significa que debe recorrerse cualquier camino para arribar a la victoria o que en el caso de no alcanzarla, lo realizado no sirve para nada y uno debe quedar sumido en una gran depresión por la derrota sufrida.

Hace mucho aprendí de ese verdadero maestro del rugby argentino que se llamó Don Francisco Ocampo, que “Un deporte vale como consecuencia de la educación que deja en quien la práctica”. Esta educación está más allá de un triunfo, o muchos de ellos, o de una derrota, o muchas de ellas. Esta educación se refiere a la capacidad del hombre de darlo todo de sí sin pedir nada a cambio. Es la entrega total a una causa (en rugby llamada equipo, colores, amistad) como consecuencia de un compromiso adquirido previamente. Este compromiso es absolutamente moral y tiene como tal muchísima más fuerza que el más severo de los contratos firmados por los llamados “deportistas profesionales”.

El Rugby Football ha logrado permanecer luego de más de un siglo de vida totalmente amateur. Han ido variando sus reglas, sus técnicas y métodos de entrenamiento. Los propios jugadores han decidido reclamar más exigencias en las prácticas para luego poder disfrutar más aún en los partidos.

Pero el espíritu y tradiciones del juego están allí erguidos y siguen rigiendo la vida de este juego único en el mundo.

Sin embargo, y como señalaba al comienzo de este escrito, la enseñanza del rugby dentro de su contexto es cada día más difícil debido a la influencia, cada vez mayor, del medio ambiente profesionalizado que lo rodea y que trata de meterse donde nadie lo ha llamado.

Pero el rugby tiene enormes reservas y, al menos hasta el momento, viene ganando la batalla implícita que existe por tratar de mantener su espíritu tradicional por encima de mezquinos intereses materialistas. ¿Cómo ha logrado el Rugby Football mantenerse en pie cuando los otros deportes han sucumbido ante el avance del profesionalismo?

Creo que la razón está en la correcta enseñanza que se hizo de este noble juego desde hace muchos, pero muchísimos años atrás que lo convirtieron en una verdadera Escuela de la Vida.

Por suerte y alegría de todos los que tenemos el privilegio de pertenecer a la familia del Rugby Football, el chico que se inicia en nuestro juego es enseñado, junto a pasar la pelota, correr con ella y tacklear, a que el juego del rugby es un complemento de nuestras vidas que busca hacer hombres mejores. Y para estos se enseña a soportar los fuertes golpes del juego sin protestar. A dar todo de sí por su “team”, a defender a su compañero ante la presión de la oposición y a que jugamos gracias al adversario por lo que debemos estarle agradecidos por la oportunidad que nos brinda. Toda la dureza tensión propias de las grandes batallas de rugby se ven luego continuadas en la amable reunión de los dos equipos luego del partido (felizmente denominada en nuestro país “Tercer Tiempo”) donde alrededor de un vaso de cerveza los jugadores se conocen más entre sí y establecen lazos de amistad que en no pocos casos, se vuelven imperecederos.

Esta es una de las características principales de nuestro juego y quien no practique la idea de que el rugby consta de “tres” tiempos no ha entendido este gran juego en toda su dimensión. Las características propias del juego en sí hacen del rugby un juego ideal para mejorar al hombre como tal. En él se da una mezcla perfecta de fuerza, habilidad, coraje, inteligencia, capacidad individual y sentido de equipo. Todo se conjuga para dar lugar al juego más formidable de todos.

Pero todo esto adquiere su máxima expresión sólo si se lo lleva a la práctica por amor al juego sin pedir a cambio otra cosa que no sea el placer de entrar a una cancha de rugby. Así es el Rugby Football. Así debemos mantenerlo para bien de los que nos siguen y no debemos engañarnos: Querer ganar es sano siempre y cuando se usen los caminos correctos para lograrlo. Querer mejorar la técnica del juego es sano dado que esto lo hace más divertido para el que lo juega. Querer mejorar el nivel de un club, de una Unión o de un jugador es sano pues enseña a luchar organizadamente para lograrlo.

Pero todo esto debe ser logrado como consecuencia de la práctica correcta del juego y así estamos haciendo Escuela de Vida por medio del Rugby Football.

El juego en la Argentina tiene un futuro brillante. Si bien es mucho lo que nos falta en los aspectos organizativos, administrativos y de infraestructura de apoyo, se tiene lo mejor y que es una base muy sólida para su correcto desarrollo: un fuerte principio amateur que permitirá que el rugby siga siendo un deporte y no un espectáculo profesional como otros tantos.

Todos los que tenemos el orgullo de pertenecer al rugby debemos tomar el firme compromiso de mantener estas tradiciones y entender que los tiempos que siguen serán muy difíciles frente al avance del profesionalismo.

Este profesionalismo viene por distintos medios desde “fuera” del ambiente del rugby.

Por esto mismo es fácilmente derrotable si los que estamos “adentro” queremos seguir disfrutando de este ambiente único que tenemos o, dicho en otras palabras, si queremos seguir manteniendo para nuestros hijos esta Escuela de Vida, que construyeron nuestros mayores y que se llama Rugby Football.

MiguePiel

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