El chajeriense Pizzio y sus metas con CRAI: «Dar pasos cortos pero firmes y seguir divirtiéndome»

Cumple sus sueños quien resiste. Frente a viento y marea, el chajariense Franco Pizzio sigue adelante. Pese a que no todo lo que preveía fue resultándole como esperaba, este entrerriano de 25 años nunca supo lo que es bajar los brazos y con convicciones firmes, basándose en la filosofía del deporte que más ama, el rugby, empezó a cosechar lo que fue sembrando fundamentalmente durante la última década.

Partió desde su ciudad natal en búsqueda de nuevos sueños y expandirse desde el plano deportivo y social. Nada le resultó sencillo, ni a él ni a su familia y todo, fue ganándoselo con su propio sacrificio y esfuerzo.

Surgió del Curiyú RC, en 2014 fue parte del seleccionado juvenil de la Unión Entrerriana de Rugby que compitió en el Campeonato Argentino de Menores de 18 años y hoy, está afianzado en el primer equipo del Club de Rugby Ateneo Inmaculada de Santa Fe, simplemente conocido como el CRAI.

Tuvo también una experiencia fuerte en el Ejército y actualmente desarrolla su propia empresa de mantenimiento y refacción de piscinas, jardinería y paisajismo. “Lucho por mis sueños a diario”, le confesó a MIRADOR ENTRE RÍOS este primera línea que progesa al ritmo de sus metas.

-¿Qué te llevó desde Chajarí a Santa Fe?
– Me vine a Santa Fe principalmente a jugar al rugby, porque me habían visto Diego Lauria y Esteban Gastaldi y me ofrecieron venir aprobarme a CRAI. Sin dudarlo tomé la oportunidad y como el deporte es amateur, al año ingresé como soldado en el Liceo Militar General Belgrano. Hice un curso básico que duran alrededor de cuatro meses, aunque que son muy intensos. Dejé la milicia y hoy en día trabajo por mi cuenta en la refacción de piscinas, poda y paisajismo y sigo capacitándome permanentemente.
No quiero dejar de destacar algo de lo que talvez no hablo tanto, ya que no me resultó fácil y es que antes de ingresar como soldado viví una etapa bastante dura. Trabajé de albañil o me re buscaba como podía, dado que a mi familia también le resultaba muy difícil apoyarme económicamente. Vengo de un grupo familiar humilde y soy el menor de cuatro hermanos. Trabajé desde muy chico y eso era una gran dificultad cuando tenía que organizarme para estudiar y entrenar. Estoy agradecido a mi entorno, porque siempre me implicó ser una persona responsable y que con sacrificio podría lograr las metas que me proponga. Considero que uno no se tiene que olvidar nunca de dónde sale y cómo sale. Hoy me siento muy bien. Hace seis años que vivo con mi pareja, Daiana Zabala, quien siempre me apoya en todo, ya sea en los buenos momentos como en los malos. Todo lo que soy hoy en día es gracia a ella, teniendo en cuenta que me insistió un montó en no aflojar y le diera para adelante sin claudicar. Asimismo, tengo también mucha gente que me apoya y cree en mí. Para mí, la humildad lo es todo.

– ¿Cómo fueron tus inicios en el rugby?
– Empecé a jugar a fines de 2010 en Curiyú. Comencé por invitación de mi cuñado, Diego Contenti. Él me insistía que vaya a entrenarme, ya que tenía tamaño y condiciones físicas y podía aprovecharlas. Fue así que arranqué a dar mis primeros pasos en este deporte que me apasiona por la disciplina que implica, el compañerismo que se siente pertenecer y ser parte de un club y la amistad que pregona.
Me marcó encontrar un grupo humano, no solamente en el club, sino también en amigos, con los que actualmente seguimos en contacto.
Por otro lado, siempre anhelaba vestir la camiseta de la Unión Entrerriana de Rugby y lo pude concretar. De la misma manera, esperaba debutar en la Primera de Curiyú y siendo muy joven, a los 17 años, lo pude lograr. Representaba los colores de mi club y estar con el plantel superior en el club que me vio nacer, era una meta concretada. Se dio en Crespo, un cotejo duro y ajustado, pero ganamos. Roberto Echevarne y Sergio Dell’Orto me ayudaron mucho en mis primeros pasos.
Después, la adaptación y el paso de Curiyú al CRAI fue quizás bastante complicado, tanto desde lo físico como desde lo deportivo. Es otro rugby. Sin embargo, el plantel del CRAI me ayudó mucho desde el primer día en que llegué al club. Fue como un arrancar de cero en materia plan de juego y demás, pero pude disfrutar muchísimo todo ese camino y lo sigo haciendo.

– Hoy, parado en la orilla de enfrente, ¿cómo te parece que ven desde Santa Fe el rugby entrerriano?
– Sin dudas con muy buenos ojos. Las dos Uniones tienen un vínculo muy estrecho. Hoy en día, además, en ambos casos, las capitales se están abriendo mucho al rugby del interior y le dan posibilidades en los seleccionados y clubes a todos los jugadores, ya que en el interior no son muy observados.

– ¿Cuáles son tus próximos objetivos a alcanzar?
– Mis metas por el momento son asentarme en la Primera del CRAI y seguir disfrutando del juego; dar pasos cortos pero firmes y seguir divirtiéndome con este deporte que es el más lindo.
Me gustaría a futuro probar alguna experiencia profesional, aunque por el momento me focalizo en el CRAI y en este gran plantel.
En Chajarí todos los que me conocen me manifiestan un gran apoyo. Un gran antecedente en la ciudad fue la carrera de Nahuel Lobo, quien llegó incluso hasta Los Pumas. Él es un gran ejemplo para todos los chajarienses y sobre todo para los que amamos el rugby.

(Foto principal: Guillermo Jelicic)

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