Alfonso Casenave, jugador de Central Entrerriano, de Gualeguaychú: «Nunca tenés que bajar los brazos»

El rugby entrerriano sigue dejando su legado. Los clubes de la provincia, continúan escribiendo su historia, con una lucha constante de todos los protagonistas que permiten que se desarrolle efectivamente en su cotidianidad.

En este sentido, Central Entrerriano, de Gualeguaychú, no queda marginado. La entidad del sudeste de Entre Ríos trabaja arduamente y, Alfonso Casenave, su capitán y uno de los mayores referentes del club, es uno de los pioneros de esto.

El emblema de la institución gualeguaychuense, dialogó con Tercer Tiempo y repasó su historia, trazada y marcada con su arraigo perenne con la ovalada.

SENSACIONES

«Conocí el rugby a principios del año 2000, porque un amigo de toda la vida comenzó a jugar anteriormente cuando se fundó el equipo de rugby de Central Entrerriano – un año antes -. Recuerdo que entrenábamos en la cancha de fútbol del club. No sabía nada de la disciplina y había visto muy poco por televisión. Pasé por otros deportes, pero ninguno me llamó la atención como el rugby», contó el ala, sobre sus inicios.

Casenave, junto al trofeo conquistado en 2001.

«Cuando me enchufé con el rugby, estaba ocupado todo el día. A la vez, entrenaba, cursaba la secundaria y trabajaba en un correo privado. Me dediqué con el apoyo de mi familia», deslizó y añadió: «Arranqué a practicar con el equipo y a la semana me inscribí en un gimnasio. Rememoro que iba a entrenar a las ocho de la mañana».

El jugador de 38 años, es uno de las insignias de Central Entrerriano, ya que forma parte del elenco casi desde su génesis. En este contexto, relató cómo fueron las primeras andanzas en el certamen provincial: «La parte rugbística estaba formándose y me acuerdo que el primer año solo jugué un dos partidos. En la siguiente temporada, ya tenía que jugar en la Primera División y fue todo muy rápido. Me gustó todo lo que rodeaba y, desde mi punto de vista, se te hace más fácil crecer». Asimismo, mencionó una de las enseñanzas que adquirió en dicho periodo: «Nunca tenés que bajar los brazos en ninguna circunstancia. El esfuerzo por ganarse un lugar en el equipo no se negocia por absolutamente nada. Solamente depende de cada uno hasta dónde llegás».

Además, agregó: «Sólo me proponía mejorar. Hice todo lo posible para adquirir la mayor cantidad de conocimientos, desde el lado que tenía la oportunidad, lo hacía. Practicaba pases hasta con mis hermanas en mi casa para mejorar continuamente. Anhelaba ser parte de un grupo y vivir las cosas lindas que tiene este deporte. El respaldo que existe dentro y fuera de la cancha, y la unión del grupo para tirar todos hacia el mismo lado, es uno de los aspectos positivos que tiene el rugby».


Casenave, no negocia dos puntos esenciales de su vida: la familia y su trabajo. En los días hábiles, destina gran parte su tiempo a su empleo, mientras que, el fin de semana no se discute que volcará su atención a sus dos hijos.


En tanto, Alfonso expresó sus sentimientos sobre los colores que representa hace veinte años: «Al club lo tomo como un mundo aparte. Es el lugar dónde me olvido de los problemas, en el cual todo es positivo y vas cuando querés pasarla bien y encuentras prácticamente casi nada negativo. Si necesito desenchufarme, voy al club. Puedo dejar los problemas y ser completamente feliz por un rato».

Para concluir, Casenave destacó cuáles son sus objetivos deportivos en el futuro: «El año pasado quería salir campeón. Me encantaría compartir un logro con los jóvenes que están en la institución hace muchos años. Quiero que los chicos sepan la felicidad que se siente cuando te sacrificas mucho tiempo por distintas obligaciones y el gozo por gritar campeón, es incomparable». Y, concretó de la siguiente manera: «Te sentís orgulloso de vos mismo y me gustaría que mis compañeros puedan vivirlo. Ojalá podamos retornar rápidamente y apuntar a este proyecto».

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