Nahuel Lobo y una década sin respiro

Sin lugar a dudas, se trata de uno de los jugadores entrerrianos que más lejos llegó. De hecho, Nahuel Lobo logró insertarse en el exclusivo grupo de quienes lograron lucir la casaca de Los Pumas. Camilo Abud, Ricardo Annichini, Marcelo Faggi, Martín Gaitán, Emiliano Bergamaschi, Javier Ortega Desio y Marcos Kremer, también hicieron lo suyo.

Sin embargo, la vida de este chajariense de tan solo 28 años transcurre tan vertiginosamente que en menos de ocho años logró: jugar un Mundial con Los Pumitas; llegar a Pampas XV; cumplir el sueño de ser parte del seleccionado nacional mayor, vivir del rugby siendo profesional y medirse a la par de los mejores de Europa; dejar de jugar para montar una exitosa empresa y luego, decidir volver a jugar. Sí, todo eso hizo Lobito en un lapso muy corto.

Su recorrido, fue transitado con mucho esfuerzo. Desde muy joven decidió migrar de Curiyú de Chajarí a Estudiantes de Paraná, apostando de lleno al deporte.

Radicado en Santa Fe desde aquella época, el primera línea decidió invertir en su propio emprendimiento, que resultó a posteriori ser un suceso. Don Lobo marca tendencia en el rubro de la estética masculina.

El tiempo que le insumió su negocio, hizo que al volver de Europa se alejara de las canchas. Aunque esa distancia no sería tan larga ya que hoy, decidió regresar al ruedo. En este caso, al Club de Rugby Ateneo Inmaculada (CRAI) de Santa Fe.

-¿Qué te llevó a montarte una barbería?
-Desde chico que tuve la idea, ya que viene de familia la cuestión. Mi papá es peluquero. Entonces hice el curso de peluquero en la adolescencia y llevé a la práctica esos conocimientos en el negocio de mi papá. Con esa plata que juntaba, podía solventar los gastos que me demandaba el rugby en Curiyú. Después, dejé el rugby ya que me metí de lleno en el rugby.
Al volver de Europa, como inversión arrancamos con la marca Don Lobo como barbería, después le agregamos el rubro tatuajes, restaurant y ahora nos metimos también en la organización de eventos. No paro un segundo, pero no me puedo quejar porque hago lo que me gusta.

-¿Fue tu flamante negocio lo que te hizo a alejar de la actividad rugbística?
-Dejé porque no me quedaba más tiempo para poder jugar y debía elegir entre el rugby o formar y hacer crecer mi propio emprendimiento. Por suerte me fue muy bien con la firma, por más que me haya insumido más tiempo de lo normal y haya sido el motivo de mi alejamiento de la actividad. No obstante, nunca me alejé del ambiente y desde mi lugar, desde donde podía, estaba al costado de la cancha colaborando con la organización del acontecimiento de rugby que fuera. Sentí que las dos cosas no podía hacer. Al haber vivido el rugby de manera profesional, entiendo de qué tratan las exigencias de un entrenamiento al máximo y todo lo que conlleva. Entonces, si bien acá transitamos por un rugby de clubes amateur, creo que para disfrutar el hecho de jugar y ser responsable con el grupo y por respeto a los propios compañeros, hay que estar entrenado al máximo. Como no podía estarlo, dejé y preferí dar un paso al costado hasta que llegue el día de volver.

-Y después de dos años, llegó la hora de volver…
-La verdad que me moría de ganas de volver a jugar y por suerte ahora voy a saciar esas ansias. No obstante, me duele un poco no poder volver a jugar en Estudiantes, ya que para jugar en Paraná, dados mis compromisos laborales, dispongo de poco tiempo como para viajar y estar yendo y viniendo varias veces por semana. De todas formas, voy a poder jugar, que es lo más lindo que hay. Quiero volver a sentir lo que es esa adrenalina de entrar a una cancha. Es difícil estar sin jugar. La verdad es que extrañaba volver. Nada como ir a practicar, los sábados de viajes, Tercer Tiempo y partidos con amigos.

-¿Qué te impulsó a jugar para el CRAI?
-Tengo muchos compañeros con los que en su momento jugábamos en contra en Menores de 19 años que hoy están en el Plantel Superior. Un poco en broma y un poco en serio, siempre me desafiaban a que volviera a jugar y que me sumara a su club. Les di mi palabra que voy a jugar con ellos. Las veces que me acerqué al club me recibieron muy bien, con los brazos abiertos y me hicieron sentir muy cómodo.

-¿Cuáles van a ser tus objetivos deportivos?
-Ante todo, divertirme. Quiero volver a disfrutar estando dentro de una cancha. Quiero jugar sin tanta presión. Siento que voy a volver a estar muy cerca de mi pasión que es el rugby sin estar lejos de lo que hoy me da de comer, a mí y a mi familia, que es mi negocio.

-¿Quedaron muy atrás aquellas épocas de citaciones para los seleccionados nacionales?
-Sí, sin dudas. Tampoco esperaré por ningún llamado. Mi prioridad ahora será divertirme. Lógicamente, jugar en un seleccionado argentino es un gran orgullo y siempre es un sueño hacerlo. Si llega la oportunidad otra vez, bienvenida sea. Hoy por hoy de todos modos, tomaría la chance de otra manera. Realmente me divertiría al ciento por ciento, incluso más que antes. Obviamente, voy a entrenarme más que nunca para que se pueda llegar a dar. Desde diciembre que iniciaré la pretemporada, con el foco puesto tanto en lo mental como en lo físico, sabiendo que si voy a volver, voy a hacerlo en las mejores condiciones.

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