Inglaterra desarrolló un partido perfecto ante los All Blacks y se metió en la final del Mundial

Dicen que para vencer a los All Blacks, hay que realizar un encuentro sin errores. Y lo propio hizo Inglaterra en el Estadio Internacional de Yokohama, donde logró superar a Nueva Zelanda por 19-7, en el marco de la primera semifinal de la Copa del Mundo de Japón, bajo el arbitraje del galés Nigel Owens.

El primer tiempo de este partido, fue sin dudas el mejor de esta Copa del Mundo. Tal como se esperaba, fue un período intenso y por demás efusivo.

La agresividad ofensiva con la que saltó al campo Inglaterra llamó la atención de hasta el más desprevenido. El elenco inglés salió a jugarle a los All Blacks, tal como lo hace el propio equipo neozelandés: con variantes en ataque, fases continuadas y con un control de pelota notable.

Tal fue así que pasado el minuto de juego, el partido ya estaba 7-0. Por primera vez en este Mundial, Nueva Zelanda recibía un try en la etapa inicial. El centro Manu Tuilagui fue el encargado de apoyar casi abajo de los postes, después de varias fases.

Los europeos pudieron neutralizar a los oceánicos en base a una defensa asfixiante y a la obtención desde el line-out. A todo eso, los dirigidos por Hansen consiguieron pasar a terreno rival recién después de los 10′, mientras que el control quedó denotado luego de que el Owens sancionara el primer scrum del encuentro recién a los 18′.

La diferencia en el score se mantuvo, pese al dominio de uno y la incomodidad de otro. El TMO le dijo no a Inglaterra, que había apoyado otra vez, aunque con «pantalla» de por medio. A lo largo del primer tiempo, los de Negro nunca llegaron a generar acción de peligro en terreno rival. El trabajo ajedrecístico en equipo y la tarea sin la pelota de la línea de backs inglesa fueron determinantes para hacer que los All Blacks no tengan ideas.

Sobre el epílogo, George Ford sumó con un penal cerca de mitad de cancha para dejar el parcial 10-0. Un resultado justo y quizás, por demás estrecho, considerando el 62% de posesión que tuvo Inglaterra sobre Nueva Zelanda.

En el comienzo del complemento, el duelo pareció tener la misma tónica que en la etapa anterior. Elliot Daly marró un penal a los 3′ y por segunda vez en el partido, el TMO le anuló un try al representativo de La Rosa. Un knock-on muy fino en un maul, evidenció la falla y el tanteador se mantuvo al igual que el monopolio europeo.

El nerviosismo neozelandés volvió a cederle la iniciativa al adversario. Ford anotó un penal más para estirar la distancia númerica 13-0.

Sin embargo, con variantes que llegaron desde el banco y con la intervención del ingresado Sonny Bill Williams en la generación de espacios, llegó la primera chance del Test para los de Oceanía. Un grosero error inglés en un line defensivo le cedió la oportunidad al contrincante para que Ardie Savea se encontrara con la pelota y simplemente se desparramara en el ingoal para anotar y poner el resultado 13-7.

Sendos penales de Ford cercanos a la meta rival, pusieron los guarismos 19-7, a los 23′ y a los 28′.

Después de esas maniobras, el choque fue neutralizado por Inglaterra mientras que Nueva Zelanda continuó sin encontrarle la vuelta. Desconocido, con yerros y muy por debajo de su nivel.

Todo fue así hasta el cierre. Merecido ganador el equipo dirigido por Eddie Jones para borrar de la cancha al tricampeón mundial y alcanzar la final de la Rugby World Cup después de 16 años. El mejor, esta vez, fue Inglaterra.

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